Tunguska: la explosión que arrasó 2.000 km² de bosque siberiano sin dejar cráter
En 1908, una explosión cientos de veces más potente que la bomba de Hiroshima derribó unos 80 millones de árboles en Siberia. No se encontró ningún cráter ni grandes fragmentos de meteorito. Más de un siglo después, ¿qué sabemos de lo que pasó?
Foto: Wikimedia Commons · Public domain
La mañana del 30 de junio de 1908, los habitantes de una remota región de Siberia, cerca del río Podkamennaya Tunguska, vieron una enorme bola de fuego cruzar el cielo, más brillante que el Sol. Segundos después, una explosión colosal sacudió la taiga. Testigos a decenas de kilómetros contaron que fueron derribados al suelo por la onda expansiva y que sintieron un calor tan intenso que pensaron que su ropa iba a arder. Los sismógrafos registraron el impacto a miles de kilómetros y, durante varias noches, el cielo de Europa y Asia brilló de forma extraña.
Un bosque tumbado en forma de mariposa
Por la lejanía del lugar y la situación política de Rusia, nadie investigó a fondo hasta casi dos décadas después. En 1927, el mineralogista Leonid Kulik encabezó la primera expedición científica. Esperaba encontrar un gran cráter y un meteorito gigante. Lo que halló fue desconcertante: unos 80 millones de árboles derribados en un área de más de 2.000 kilómetros cuadrados, todos apuntando hacia fuera desde un punto central. Mapas posteriores mostraron que la zona arrasada tenía una curiosa forma de mariposa.
Lo más extraño estaba en el centro: allí los árboles seguían en pie, pero sin ramas ni corteza, como postes de telégrafo. Y no había cráter.
La explicación más aceptada: una explosión en el aire
Hoy, la mayoría de los científicos cree que un asteroide o un fragmento de cometa de entre 50 y 60 metros de diámetro entró en la atmósfera a gran velocidad. La presión y el calor fueron tan intensos que el objeto se desintegró y explotó a varios kilómetros de altura, antes de tocar el suelo. Es lo que se llama un estallido aéreo.
Eso explicaría la ausencia de cráter. También los árboles en pie del centro: justo debajo de la explosión, la onda llegó desde arriba y arrancó las ramas, pero no tumbó los troncos; más lejos, la onda llegó de lado y los derribó. Las estimaciones de la energía liberada varían, pero suelen situarse en torno a 10 a 15 megatones, cientos de veces la bomba de Hiroshima.
Investigaciones posteriores encontraron diminutas esferas de silicato y magnetita en el suelo y en la resina de los árboles, compatibles con material de origen cósmico.
¿Asteroide o cometa?
Es uno de los debates que siguen abiertos. Un cometa, formado sobre todo por hielo y polvo, se habría vaporizado casi por completo, lo que explicaría la falta de fragmentos. Un asteroide rocoso sería más común, pero se esperaría encontrar más restos. Algunos estudios sugieren incluso que el objeto pudo rozar la atmósfera y volver al espacio tras perder parte de su masa, aunque esta hipótesis es minoritaria.
También se ha propuesto que el cercano lago Cheko podría ser un cráter de impacto de un fragmento. Otros investigadores lo discuten y defienden que el lago es más antiguo.
Las teorías más exóticas
La falta de un cráter ha alimentado durante décadas todo tipo de especulaciones: un pequeño agujero negro atravesando la Tierra, antimateria, una nave extraterrestre que explotó o incluso un experimento del inventor Nikola Tesla. Ninguna tiene respaldo científico. Las explicaciones basadas en un objeto natural que estalló en el aire encajan mucho mejor con los datos.
Por qué Tunguska importa hoy
Si el objeto hubiera estallado sobre una gran ciudad, habría causado una catástrofe. Que ocurriera en una zona casi deshabitada fue pura suerte. Tunguska se ha convertido en un recordatorio de que la Tierra está expuesta a impactos cósmicos, y en uno de los motivos por los que agencias espaciales vigilan hoy los asteroides cercanos a la Tierra.
En 2013, una roca mucho más pequeña estalló sobre la ciudad rusa de Cheliábinsk. La onda expansiva rompió miles de ventanas y causó más de mil heridos, la mayoría por cristales. Fue una pequeña muestra de lo que puede hacer un estallido aéreo.
En 2022, la misión DART de la NASA impactó deliberadamente contra el pequeño asteroide Dimorphos y consiguió alterar su órbita. Fue la primera prueba real de que podríamos desviar un objeto peligroso si se detecta con suficiente antelación.
El Día del Asteroide
En recuerdo de Tunguska, cada 30 de junio se celebra el Día Internacional del Asteroide, reconocido por las Naciones Unidas. Su objetivo es concienciar sobre los riesgos de los impactos y la importancia de vigilar el cielo.
Un misterio con respuestas a medias
Más de cien años después, sabemos bastante sobre lo que pasó en Tunguska, pero no todo. No sabemos con certeza qué tipo de objeto fue ni de dónde venía exactamente. El bosque se ha regenerado y hoy la zona es una reserva natural, aunque aún se pueden ver troncos caídos de aquel día. Es uno de esos lugares donde la historia de la Tierra y la del cosmos se cruzan de forma espectacular.
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