Misterios

El mecanismo de Anticitera: el "ordenador" de 2.000 años que sigue desconcertando a los científicos

Fue rescatado de un naufragio en 1901 como un bloque de bronce corroído. Hoy sabemos que era una calculadora astronómica con decenas de engranajes, algo que no volvería a verse en Europa hasta muchos siglos después. ¿Quién lo construyó y para qué?

Redacción Salud3 ·

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El mecanismo de Anticitera: el "ordenador" de 2.000 años que sigue desconcertando a los científicos

Foto: Tilemahos Efthimiadis from Athens, Greece / Wikimedia Commons · CC BY 2.0

En 1900, un grupo de buceadores de esponjas griegos se refugió de una tormenta junto a la pequeña isla de Anticitera, entre el Peloponeso y Creta. Al sumergirse, encontraron los restos de un barco romano hundido hacia el siglo I antes de Cristo, cargado de estatuas, monedas y ánforas. Entre los objetos rescatados al año siguiente había unos fragmentos de bronce y madera que, al principio, no llamaron la atención. Más de un siglo después, son considerados uno de los artefactos más asombrosos de la Antigüedad.

Un bloque de bronce con engranajes

Al secarse, los fragmentos se partieron y dejaron ver algo inesperado: ruedas dentadas de bronce, algunas con dientes de apenas un milímetro y medio. El arqueólogo Valerios Stais fue uno de los primeros en notar que aquello era un mecanismo. Durante décadas se discutió qué podía ser. Algunos pensaron que se trataba de un astrolabio, otros de un reloj o incluso de un objeto mucho más moderno que había caído por accidente al naufragio.

El gran avance llegó en el siglo XX con el físico e historiador británico Derek de Solla Price, que usó radiografías para estudiar su interior y defendió que era una calculadora astronómica. Más tarde, a principios del siglo XXI, el Antikythera Mechanism Research Project utilizó tomografía computarizada de alta resolución e imágenes especiales de la superficie para leer miles de caracteres grabados, invisibles a simple vista.

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¿Qué hacía?

Hoy, la mayoría de los investigadores coincide en que el mecanismo, accionado probablemente con una manivela, permitía:

  • Mostrar la posición del Sol y la Luna en el zodiaco a lo largo del año.
  • Indicar las fases de la Luna, mediante una pequeña esfera mitad clara y mitad oscura que giraba.
  • Predecir eclipses de Sol y de Luna, usando ciclos conocidos por los astrónomos babilonios, como el ciclo de Saros, de unos 18 años.
  • Reproducir el movimiento irregular de la Luna, que va más rápido en unas partes de su órbita que en otras, gracias a un ingenioso sistema de engranajes con un pivote desplazado.
  • Marcar el calendario de los juegos panhelénicos, incluidos los Juegos Olímpicos, que se celebraban cada cuatro años.

Las inscripciones también sugieren que mostraba la posición de los planetas visibles a simple vista: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. En 2021, un equipo del University College de Londres presentó una reconstrucción completa de la parte frontal que incluía estos planetas, aunque algunos detalles siguen siendo hipótesis.

Una tecnología adelantada a su tiempo

Lo más desconcertante es su complejidad. Se han identificado alrededor de 30 engranajes en los fragmentos conservados, y se calcula que originalmente pudo tener más. Nada comparable se conoce en el mundo antiguo. Mecanismos con engranajes de esa precisión no vuelven a aparecer en Europa hasta los relojes astronómicos medievales, más de mil años después.

Esto ha llevado a algunos a hablar de "tecnología perdida". Los historiadores, sin embargo, recuerdan que los textos antiguos mencionan aparatos similares, como las esferas que, según Cicerón, construyó Arquímedes. Es posible que existieran otros, pero que el bronce se fundiera y reutilizara con el tiempo. El de Anticitera habría sobrevivido precisamente porque quedó en el fondo del mar.

Los grandes misterios que quedan

  • ¿Quién lo construyó? No se sabe. Se ha especulado con talleres relacionados con Arquímedes, con la escuela de Hiparco en Rodas o con Posidonio. Ninguna hipótesis está demostrada.
  • ¿Cuándo? Las estimaciones varían entre el siglo III y el siglo I antes de Cristo.
  • ¿Para qué? ¿Era un instrumento científico, una herramienta de enseñanza, un objeto de lujo para un rico coleccionista romano? Quizá un poco de todo.
  • ¿Era único? Si existieron otros, no se han encontrado.

No, no fueron los extraterrestres

Como ocurre con muchos objetos antiguos sorprendentes, el mecanismo de Anticitera aparece a veces en vídeos y documentales que lo atribuyen a civilizaciones perdidas o a visitantes de otros planetas. Los investigadores lo rechazan: las inscripciones están en griego, la astronomía que representa es la conocida en la época y los errores que contiene son los propios de los modelos antiguos. Precisamente eso lo hace más extraordinario: es la prueba del ingenio humano.

Dónde verlo

Los fragmentos originales se conservan en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, junto a reconstrucciones que permiten imaginar cómo funcionaba. Varios equipos y aficionados han construido réplicas funcionales, y existen modelos en línea que se pueden manipular desde el ordenador.

Un recordatorio de lo que no sabemos

El mecanismo de Anticitera nos obliga a revisar la idea de que la tecnología avanza siempre en línea recta. Hace más de 2.000 años, alguien fue capaz de encerrar el cielo en una caja de bronce. Cada nueva técnica de imagen revela detalles que estaban ocultos, y es probable que aún queden sorpresas. Mientras tanto, sigue siendo uno de los misterios más bellos de la historia de la ciencia.

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