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El error que mata a la mayoría de las plantas de interior (y no es olvidarse de regar)

Contra lo que muchos piensan, el exceso de agua es una de las principales causas de muerte de las plantas de casa. Con la llegada del otoño, su ritmo cambia. Te explicamos cómo saber cuándo regar, las señales de alarma y cómo rescatar una planta encharcada.

Redacción Salud3 ·

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El error que mata a la mayoría de las plantas de interior (y no es olvidarse de regar)

Foto: Vyacheslav Argenberg / Wikimedia Commons · CC BY 4.0

Compras un poto, una monstera o una sansevieria, la riegas con cariño cada pocos días y, al cabo de unas semanas, las hojas amarillean y el tallo se ablanda. Si te suena, no estás solo. Muchos expertos en jardinería coinciden en que regar demasiado mata más plantas de interior que olvidarse de regar.

Por qué el exceso de agua es tan dañino

Las raíces no solo absorben agua: también necesitan oxígeno. Cuando la tierra está empapada todo el tiempo, los huecos que deberían tener aire se llenan de agua y las raíces literalmente se asfixian. Además, la humedad constante favorece la aparición de hongos que provocan la pudrición de raíces. Lo traicionero es que una planta con raíces podridas puede parecer sedienta: se marchita porque las raíces dañadas ya no pueden absorber agua, y entonces la regamos todavía más.

El otoño cambia las reglas

Con menos horas de luz y temperaturas más bajas, la mayoría de las plantas de interior crecen más despacio y consumen menos agua. Si en verano regabas una vez por semana, ahora puede que baste con cada dos o tres semanas, según la especie y el lugar. Por eso este es un buen momento para revisar la rutina. Ojo con la calefacción: seca el ambiente, pero no siempre la tierra al mismo ritmo.

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La prueba del dedo

El método más sencillo para saber si toca regar es meter el dedo en la tierra unos dos o tres centímetros (hasta la segunda falange). Si está seca a esa profundidad, riega. Si está húmeda, espera. Para plantas grandes, un palillo de madera largo funciona como el de los bizcochos: si sale limpio y seco, toca agua.

Otra pista útil es el peso de la maceta: levántala justo después de regar y unos días después. Con la práctica sabrás distinguir una maceta "llena" de una "vacía".

Cómo regar bien

  1. Riega a fondo, pero menos veces. Es mejor empapar bien la tierra hasta que el agua salga por los agujeros de drenaje que dar pequeños sorbos frecuentes.
  2. Vacía el plato. Si el agua se queda acumulada en el plato o en el macetero decorativo, las raíces quedan en remojo. Retírala a los 15 o 20 minutos.
  3. Usa macetas con agujeros. Las macetas decorativas sin drenaje son bonitas, pero es mejor usarlas como cubremacetas, con una maceta de plástico con agujeros dentro.
  4. Agua a temperatura ambiente. El agua muy fría puede estresar a algunas especies tropicales.
  5. Adapta según la planta. No todas necesitan lo mismo.

Cada planta, su ritmo

  • Suculentas y cactus: deja que la tierra se seque por completo entre riegos. En otoño e invierno, muy poca agua.
  • Sansevieria (lengua de suegra) y zamioculca: almacenan agua en hojas y raíces. Son de las más sensibles al encharcamiento.
  • Poto, monstera y filodendro: riega cuando los primeros centímetros estén secos.
  • Helechos y calatheas: prefieren una humedad más constante, sin encharcar, y agradecen un ambiente húmedo.
  • Orquídeas tipo phalaenopsis: riega cuando las raíces se vean plateadas, sumergiendo la maceta unos minutos y dejándola escurrir bien.

Señales de exceso de agua

  • Hojas amarillas, sobre todo las de abajo, y blandas al tacto.
  • Tallo blando o ennegrecido en la base.
  • Tierra que huele a moho o a podrido.
  • Mosquitas pequeñas volando alrededor de la maceta (los mosquitos de la humedad, o sciáridos, se crían en tierra húmeda).
  • Manchas marrones con borde amarillo en las hojas.

En cambio, la falta de agua suele mostrar hojas secas, crujientes y con puntas marrones, y tierra que se separa de los bordes de la maceta.

Cómo rescatar una planta encharcada

  1. Deja de regar inmediatamente.
  2. Saca la planta de la maceta y observa las raíces. Las sanas son firmes y claras; las podridas, oscuras, blandas y malolientes.
  3. Con unas tijeras limpias, corta las raíces dañadas.
  4. Trasplanta a tierra nueva y bien drenada (puedes añadir perlita o corteza) en una maceta con agujeros.
  5. Espera unos días antes de volver a regar y colócala con buena luz indirecta.

No todas las plantas se salvan, pero muchas se recuperan si se actúa a tiempo. Si queda algún tallo sano, también puedes intentar hacer esquejes.

Menos es más

Cuidar plantas no consiste en regarlas a menudo, sino en observarlas. Antes de coger la regadera, toca la tierra. Con esta costumbre sencilla, tu salón puede seguir verde todo el otoño y el invierno. Y si tienes mascotas, recuerda comprobar qué plantas son seguras para ellas, porque algunas, como el poto o la difenbaquia, pueden ser tóxicas si las muerden.

Contenido informativo. No sustituye la consulta con un profesional de la salud. Aviso médico

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